EL RELOJ DE ARENA
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Regresaba de mi viaje de vacaciones, después de pasar una
cierta temporada lejos de casa, la cual queda en San Fernando de Apure
(Venezuela), allí crecí, jugando con mis
muñecas, ella es una casa vieja al estilo colonial, tiene cierto misterio,
¡pero es mi casa y me gusta!. Las vacaciones las disfrute por invitación de una
compañera de estudios, de la cual siento que es una gran amiga, su nombre es
Marie, ella es natural de Cali- Colombia, allá me fui con ella, disfrutando de
esa hermosa ciudad y sus soleadas playas; mi estancia duró una semana, me tocó
regresar un sábado, muy de mañana mi amiga me acompañó a tomar el bus de
regreso, la despedida fue triste, pues ella se quedaba y yo regresaba. -Adiós
Marie- -Adiós Perla- nos despedimos con un fuerte abrazo. Subí, colocando mi
equipaje en el maletero correspondiente y a la hora prevista arranco la unidad
rumbo a Cúcuta, durante el trayecto ya de regreso, empecé a leer un libro que
me tenía encantada, llamado “Los cinco lenguajes del amor”. El autobús se detuvo
varias veces en caseríos y pueblitos, subían y bajaban pasajeros, me llamó la
atención una pasajera que tenía un reloj de arena dibujado en su blusa, y pensé
en aquel reloj de arena clásico- antiguo que compre en una tienda de
antigüedades en Valencia, ¡por cierto, es mi antigüedad favorita! Me olvidé del
reloj y me distraje viendo el paisaje, a medida que el bus avanzaba. Así
transcurrió el tiempo, acercándome más y más
a mi ciudad, anhelaba ver a mis padres, a mi hermanita y a mi perrita
(lusi). Venía extenúa, el viaje resultó cansón.
Cuando llegue al terminal, bajé del bus buscando a mis
parientes, mucha gente aglomerada, busqué con tanta insistencia, no los veía.
Casi me decepciono y me entristezco, súbito, los vi, era de esperar, allí
estaban, ansiosos también de verme mi hermosa familia, les di un abrazo y ellos
me regalaron una hermosa sonrisa, fue inexplicable lo que sentí al verlos.
Recogieron las maletas y subimos al auto, en el camino a casa conversamos a
cerca del viaje.
- ¿Y cómo
estuvo el viaje hija? – Preguntó mamá.
-¡Espectacular
mami! Conocí muchos lugares – Contesté.
Mi
padre estaba muy feliz de tenerme en casa nuevamente.
- ¿Qué te
parecieron las playas de Cali hija? – Preguntó papá
- Me gustaron
mucho, ¡y tiene olas inmensas! – Contesté.
Al llegar a casa pude observar que en una semana cambiaron
algunas cosas, pintaron la casa, compraron un cuadro y mi perrita lusi estaba
más grande, luego fui a mi cuarto, nada pudo haber cambiado allí, porque solo
yo tengo la llave, por lo tanto entre y note que en mi peinadora no estaba mi
objeto favorito (el reloj de arena), lo cual me causo incertidumbre, es lo
primero que llama la atención al entrar a la habitación, y ya no estaba!
Rápidamente fui y le pregunte a mamá.
- ¡Mamá,
mamá! – dije con intranquilidad.
- ¿Hija
estoy en el jardín? - Contestó mamá
Caminé hacia al jardín y le dije: - ¡Mamá estoy desesperada!
No encontré mi reloj de arena antiguo en la peinadora.
- ¿Y dónde
lo pudiste haber dejado hija? – Preguntó mamá
- Realmente
no recuerdo haberlo quitado de allí, desde que lo compre siempre ha estado en
la peinadora. – contesté
- De igual
manera búscalo bien, que yo también te ayudare a buscarlo. – respondió mamá.
En casa todos sabían cuál era el valor que tenía ese objeto
para mí, era algo así como cuando quieres tanto una cosa y el día que la
obtienes, la cuidas para no perderla. Seguidamente busqué en todo mi cuarto y
por ningún lado estaba, y me pregunté - ¿Quién pudo haber sido? La puerta tenia
seguro, solo yo tengo llave, y recordé que hay una copia de la llave en la
gaveta de mis padres, pero nunca la usan, entonces quien fue?, ¡tendré que
averiguarlo! Fui enseguida a decirle a mi papá lo que me estaba sucediendo.
- Papá disculpa que te interrumpa, sucede algo?. – Manifesté
- ¿Qué sucede hija? – pregunto papá.
- Alguien ha entrado en mi cuarto y se llevó mi reloj de
arena. – dije con angustia. De verdad me preocupaba el extravío de mi reloj.
- ¡Y por qué dices eso hija, si nadie ha entrado a tu
cuarto! – dice papá
- ¡Pues lo digo porque no lo encuentro! – Respondí
- Hablaremos con tu madre – dijo papá, sin cavilación.
Me fui al cuarto de mi hermanita Lorena, y le pregunte: -¿
Lore has visto mi reloj de arena? .
- ¡No
hermana! – exclamó
Por un momento sentí mucha tristeza, pienso que ni las
personas ni los objetos a los que se les da gran valor, los puede sustituir
otro. Sin embargo, pensé por un instante, ¿por qué deprimirme, por qué sentirme
tan mal? Uno no debe darle tanta importancia a lo material, hay motivos que
tienen mayor significado en la vida. Por ejemplo: los padres, familiares,
amigos, vecinos entre otros.
Salí de la casa, busqué en los alrededores, como buscando
una pista que realmente no sabía si existía o no, así estuve gran parte del día, y no
encontraba nada, decidí regresar y empezar por la cocina, quizás por allí debo
comenzar a buscar mi bendito reloj de arena, habían tantas cosas de que
ocuparme, pero ni modo este objeto me quitaba la calma, revisé minuciosamente
cada lugar de la amplia cocina, hasta que vi debajo de un cajón en donde mamá
guardaba algunos corotos que aunque servían ya ella no los usaba, saque una
bandeja vieja, otros platos, y en el fondo vi mi reloj partido, hecho pedazos,
lance un grito de dolor, ¡aaaaayhh¡ se me salieron las lágrimas de impotencia,
de dolor y de rabia. Allí estaba mi reloj de arena, ¿quién lo había metido en
ese cajón?, ¿quién lo había partido?, todas esas interrogantes me la hice al
momento, mi perrita me acompañaba, ladraba viéndome como salían las lágrimas
ante lo sucedido.
Y aprendí que cada cosa llega a su final, nada es eterno, no
es bueno aferrarse a las cosas, hay que aceptar que ya no están.
Autora: Blanco Perla.
Lengua y literatura.
Cohorte 2010-II

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