¿Porque cohibir nuestra inteligencia?

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viernes, 8 de marzo de 2013

Imaginar es crear


EL RELOJ DE ARENA


Regresaba de mi viaje de vacaciones, después de pasar una cierta temporada lejos de casa, la cual queda en San Fernando de Apure (Venezuela),  allí crecí, jugando con mis muñecas, ella es una casa vieja al estilo colonial, tiene cierto misterio, ¡pero es mi casa y me gusta!. Las vacaciones las disfrute por invitación de una compañera de estudios, de la cual siento que es una gran amiga, su nombre es Marie, ella es natural de Cali- Colombia, allá me fui con ella, disfrutando de esa hermosa ciudad y sus soleadas playas; mi estancia duró una semana, me tocó regresar un sábado, muy de mañana mi amiga me acompañó a tomar el bus de regreso, la despedida fue triste, pues ella se quedaba y yo regresaba. -Adiós Marie- -Adiós Perla- nos despedimos con un fuerte abrazo. Subí, colocando mi equipaje en el maletero correspondiente y a la hora prevista arranco la unidad rumbo a Cúcuta, durante el trayecto ya de regreso, empecé a leer un libro que me tenía encantada, llamado “Los cinco lenguajes del amor”. El autobús se detuvo varias veces en caseríos y pueblitos, subían y bajaban pasajeros, me llamó la atención una pasajera que tenía un reloj de arena dibujado en su blusa, y pensé en aquel reloj de arena clásico- antiguo que compre en una tienda de antigüedades en Valencia, ¡por cierto, es mi antigüedad favorita! Me olvidé del reloj y me distraje viendo el paisaje, a medida que el bus avanzaba. Así transcurrió el tiempo, acercándome más y más  a mi ciudad, anhelaba ver a mis padres, a mi hermanita y a mi perrita (lusi). Venía extenúa, el viaje resultó cansón.

Cuando llegue al terminal, bajé del bus buscando a mis parientes, mucha gente aglomerada, busqué con tanta insistencia, no los veía. Casi me decepciono y me entristezco, súbito, los vi, era de esperar, allí estaban, ansiosos también de verme mi hermosa familia, les di un abrazo y ellos me regalaron una hermosa sonrisa, fue inexplicable lo que sentí al verlos. Recogieron las maletas y subimos al auto, en el camino a casa conversamos a cerca del viaje.
    -  ¿Y cómo estuvo el viaje hija? – Preguntó mamá.
-¡Espectacular mami! Conocí muchos lugares – Contesté.
            
 Mi padre estaba muy feliz de tenerme en casa nuevamente.  

- ¿Qué te parecieron las playas de Cali hija? – Preguntó papá
-  Me gustaron mucho, ¡y tiene olas inmensas! – Contesté.

Al llegar a casa pude observar que en una semana cambiaron algunas cosas, pintaron la casa, compraron un cuadro y mi perrita lusi estaba más grande, luego fui a mi cuarto, nada pudo haber cambiado allí, porque solo yo tengo la llave, por lo tanto entre y note que en mi peinadora no estaba mi objeto favorito (el reloj de arena), lo cual me causo incertidumbre, es lo primero que llama la atención al entrar a la habitación, y ya no estaba!
Rápidamente fui y le pregunte a mamá.
- ¡Mamá, mamá! – dije con intranquilidad.
- ¿Hija estoy en el jardín? - Contestó mamá

Caminé hacia al jardín y le dije: - ¡Mamá estoy desesperada! No encontré mi reloj de arena antiguo en la peinadora.
- ¿Y dónde lo pudiste haber dejado hija? – Preguntó mamá
-  Realmente no recuerdo haberlo quitado de allí, desde que lo compre siempre ha estado en la peinadora. – contesté
- De igual manera búscalo bien, que yo también te ayudare a buscarlo. – respondió mamá.

En casa todos sabían cuál era el valor que tenía ese objeto para mí, era algo así como cuando quieres tanto una cosa y el día que la obtienes, la cuidas para no perderla. Seguidamente busqué en todo mi cuarto y por ningún lado estaba, y me pregunté - ¿Quién pudo haber sido? La puerta tenia seguro, solo yo tengo llave, y recordé que hay una copia de la llave en la gaveta de mis padres, pero nunca la usan, entonces quien fue?, ¡tendré que averiguarlo! Fui enseguida a decirle a mi papá lo que me estaba sucediendo.

- Papá disculpa que te interrumpa, sucede algo?. – Manifesté
- ¿Qué sucede hija? – pregunto papá.
- Alguien ha entrado en mi cuarto y se llevó mi reloj de arena. – dije con angustia. De verdad me preocupaba el extravío de mi reloj.
- ¡Y por qué dices eso hija, si nadie ha entrado a tu cuarto! – dice papá
- ¡Pues lo digo porque no lo encuentro! – Respondí
- Hablaremos con tu madre – dijo papá,  sin cavilación.
Me fui al cuarto de mi hermanita Lorena, y le pregunte: -¿ Lore has visto mi reloj de arena? .
-              ¡No hermana! – exclamó

Por un momento sentí mucha tristeza, pienso que ni las personas ni los objetos a los que se les da gran valor, los puede sustituir otro. Sin embargo, pensé por un instante, ¿por qué deprimirme, por qué sentirme tan mal? Uno no debe darle tanta importancia a lo material, hay motivos que tienen mayor significado en la vida. Por ejemplo: los padres, familiares, amigos, vecinos entre otros.

Salí de la casa, busqué en los alrededores, como buscando una pista que realmente no sabía si existía o no,  así estuve gran parte del día, y no encontraba nada, decidí regresar y empezar por la cocina, quizás por allí debo comenzar a buscar mi bendito reloj de arena, habían tantas cosas de que ocuparme, pero ni modo este objeto me quitaba la calma, revisé minuciosamente cada lugar de la amplia cocina, hasta que vi debajo de un cajón en donde mamá guardaba algunos corotos que aunque servían ya ella no los usaba, saque una bandeja vieja, otros platos, y en el fondo vi mi reloj partido, hecho pedazos, lance un grito de dolor, ¡aaaaayhh¡ se me salieron las lágrimas de impotencia, de dolor y de rabia. Allí estaba mi reloj de arena, ¿quién lo había metido en ese cajón?, ¿quién lo había partido?, todas esas interrogantes me la hice al momento, mi perrita me acompañaba, ladraba viéndome como salían las lágrimas ante lo sucedido.

Y aprendí que cada cosa llega a su final, nada es eterno, no es bueno aferrarse a las cosas, hay que aceptar que ya no están.


Autora: Blanco Perla.
Lengua y literatura.
Cohorte 2010-II



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